Todo comenzó cuando yo estudiaba en la escuela de Bellas Artes de mi ciudad. Ahí nos enseñaban a dibujar o a esculpir personas respetando siempre las proporciones del cuerpo humano. Y si no lo hacías proporcionado, entonces estaba mal. Punto.
Pero cuando le preguntabas a tu profesor por qué tal o cual pintor dibujaba los brazos largos o por qué la deformidad en las perspectivas, nos respondían que "Ah, bueno. En ese caso el artista quiso darle una mirada personal a la obra". O también nos decían pavadas como "Es a propósito"...
Claro, resulta que si sos alumno, nada te sale a propósito. Todo está mal si no es como tus profesores dicen. Pero si quien "mete la gamba" es un artista pago y reconocido, entonces "todo vale".
Y ya me cansé de todo eso. Es hora de que yo también mande al muere a los grandes. Y si no te gusta, entonces este es el mejor momento para cerrar este sitio y buscar otras cosas realmente interesantes.
Bien, si seguiste leyendo, puede ser que realmente te interese lo que voy a escribir o bien estás esperando para comentar de forma despectiva. Ninguna de las dos cosas va a mover mi mundo, pero es bueno saberlo...
Con el que voy a empezar es con el escritor Nikolai Gogol. No voy a hablar mucho de él porque justamente no me gusta la forma en que escribe, asi que no te voy a recomendar que busques cosas para leer. Si querés hacerlo, adelante...
El cuento en cuestión se llama "El Capote". Y este escritor es de los que creen que es necesario justificar muchas de las cosas que escriben. Por ejemplo, en la segunda página del cuento le habla al lector diréctamente, diciendo algo como: "al lector seguramente el nombre del personaje le resultará un poco rebuscado. Pero no es así..." y empieza contando una aburridísima historia de cómo llegó el personaje a tener ese nombre. Y cosas que poco importan para la continuidad del cuento.
Señor mío: esto es un bodrio. Aburrido. Si empieza así, entonces el lector sabe que le espera una larga sucesión de explicaciones que nadie sabe bien por qué siente que nos tiene que dar. Si a usted le dió la gana de llamarlo así a su personaje, entonces hágalo y déjese de joder.