Año tras año cuando llega el otoño se insiste en la necesidad de vacunar contra la gripe. En apariencia por las mutaciones del virus. Pero en la temporada 2011-2012 se recomienda exactamente la misma composición de la vacuna previa de 2010-2011, y sin embargo se continúa con la insistencia en la necesidad de vacunar. Ahora, la inmunidad de la vacuna dura un año.
Además, la vacuna antigripal no protege a los adultos y niños sanos (no disminuye ni las muertes, ni las hospitalizaciones, ni las neumonías, ni las ausencias al trabajo ni a la escuela), ni tiene un efecto sobre la cadena de contagio. En los pacientes, su máxima efectividad es del 4,6% (se evitarían como mucho 16 muertes asociadas a gripe entre 100.000 vacunados).
A cambio de su dudoso o nulo efecto la vacuna contra la gripe produce daños ciertos, como se vio en 2010 en Australia, en niños, a modo de epidemia de convulsiones en algunos casos con efectos devastadores. ¿Hasta cuándo vamos a admitir la ausencia de ensayos clínicos a largo plazo de estas vacunas? ¿Hasta cuándo se va a pedir a profesionales y pacientes que se vacunen en contra de la ciencia y de la ética?