He estado escuchando en estos días algunas reflexiones acerca de la necesidad o no de ir a segunda vuelta en la Ciudad de Buenos Aires después de las elecciones del domingo pasado. Algunos periodistas preguntan, con gesto inquisidor: ¿Habrá segunda vuelta?
Yo aplaudo la decisión del candidato Daniel Filmus de presentarse a la elección del día 31 de julio.
¿Por qué? - siguen preguntando otros, que tal vez son los mismos, aunque con otros nombres, sin entender que lo que en realidad quieren decir es: ¿Para qué?
Y no es una diferencia menor la que marca esa palabra. Ya que el porqué remite a la esencia de algo mientras el para qué a su resultado.
Entonces, contestemos al porqué: Y la respuesta es tan simple que casi da verguenza darla… porque lo dicta la Constitución, la ley Suprema. Pequeño detalle ¿no?
Las voces en contra insisten con que el acto electoral le va a costar mucho dinero a la sociedad. Y yo me pregunto: ¿Tienen en cuenta cuando dicen eso, cuántas vidas le costó a la Argentina que podamos tener esos actos electorales?
Pero claro, en el mundo resultadista de hoy que alguien cumpla la ley aún cuando las posibilidades de salir airoso sean pocas resulta extraño. Nos han enseñado que “hecha la ley, hecha la trampa”. Pues bien, gracias Filmus por cumplir la ley. Así, simplemente, sin trampas ni huídas vergonzosas. Eso hace que me sienta aún más orgulloso de haber sido su alumno y de haberlo votado.
Hay otro porqué que no es menos importante, y es que los que lo elegimos, lo hicimos para que nos representara hasta el último segundo, para que dé una lucha democrática en la que deje todo lo que está a su alcance por defender nuestro ideal de ciudad. Gracias nuevamente, por cumplir, por no retirarse de la cancha cuando todavía faltan algunos minutos.
En la Argentina de gente que invade las canchas para evitar una derrota o dar rienda suelta a la violencia que genera la frustración, quedarse hasta el final parece un gesto romántico. Romanticismo del que participo, porque allí están los principios.
Y en cuanto a los que piensan en el para qué, déjenme decirles que hay cosas que se hacen más allá de los resultados, por pura convicción,así como uno devuelve un billete a quien no ha notado siquiera que se le cayó. Porque se es honesto.
Es más que obvio que resulta muy poco probable revertir la derrota del domingo 10, pero eso no quita que Filmus cumpla con su compromiso de intentarlo hasta el último segundo. Para eso lo votamos… Por eso lo votamos los que lo votamos.
Y por último, me permito decir que no debemos avergonzarnos de las derrotas. No olviidemos la batalla de Vuelta de Obligado, donde aquéllos hombres, con sólo sus ansias de patria y algunas pocas cadenas, resistieron la invasión de las dos potencias más grandes del mundo.
Perdieron, sí. ¿Y qué? ¿Les quita eso algún mérito a su patriotismo, a su lucha, al orgullo de defender lo que se ama?
La historia hecha de triunfos ignoró esa fecha que hace que nos enorgullezcamos de ser Argentinos, de pertenecer a esa estirpe. Por suerte, hoy está allí, en rojo, para que no olvidemos que a veces, más allá de los resultados, hay derrotas que ennoblecen.
Y finalizo esta breve columna parafraseando a mi amigo, el Negro Dolina, cuando escribió que, mirando a ciertas personas que triiunfan, cualquiera siente un poco de ganas de fracasar, al menos para no parecerse a ellos.
Lic. Gabriel Rolón