viernes, 3 de marzo de 2017

Esa argentina necesidad de decir lo mal que estoy

La verdad es que esta es una crítica no solamente vieja sino repetida. La voy a escribir hasta que me muera o hasta que se erradique.

En Argentina, aquí donde vivo, hay una enorme necesidad inconciente de decir lo económicamente mal que se está. Ves entonces por la calle a una cantidad de gente repitiendo lo mismo día tras día...

Pero ojo, a no confundirse, querido lector no-argentino... estas personas que todo el tiempo se quejan de lo mal que les va, tienen mucho dinero y bienes materiales. Se quejan simplemente porque saben de los efectos secundarios que se producen si hicieran lo contrario. Efectos a enumerar:

1) Efecto "este debe andar en algo sucio o es narco".
2) Efecto "prestame que después te lo devuelvo".
3) Efecto "ya se le va a acabar, a este nariz parada".

(entre otros... pero puse estos tres porque son los más interesantes para mi análisis)

Estos efectos suceden solamente en un país o región donde prevalece la competencia a muerte entre sus habitantes. Donde en vez de reinar el amor y la empatía entre las personas, gobierna la ira cruel y desmedida.

El primero de los efectos es causado debido a que Argentina es un país sin ley. Es muy cierto que muchas personas con mucho dinero son el resultado de hechos delictivos y abusos de la ley o el amiguismo entre personalidades con puestos de poder en la cadena de mando nacional. Pero también hay gente que ha logrado acumular fortuna material en base al duro trabajo durante toda su vida. Y, lamentablemente, siempre quedarán opacadas por los otros, los fuera de la ley y serán tratados con la misma furia callejera!

El segundo de los efectos es más peligroso, debido a la ENORME falta de empatía de la gente. Muchos disfrazan su bienestar económico anunciando un malestar inexistente debido a que otros empiezan a pedir dinero prestado. Dinero que raramente se devuelve. Este particular defecto de no devolver el dinero prestado se debe a que se asume que si alguien está nadando en fortuna material, poco necesita el dinero que el otro tanto añora y pide prestado. Es una actitud deleznable, sin duda. Quien pide prestado no tiene la menor idea de cuánto le ha tomado al otro ganar ese monto que ahora dispone para gastar. Y, seguramente, quien pide prestado asume que el dinero fue logrado siguiendo el punto uno del efecto argentino, enumerado apenas en el párrafo anterior.

El tercero de los efectos se debe a la gran competencia -y por ende- envidia que siente la población por sus semejantes. Esta envidia crece a medida que más cercanos somos con esa persona afortunada. Si es pariente directo, uf! estamos hablando de una bronca, de un enojo pocas veces visto. Y, lo más gracioso de este efecto, es que quien envidia no hace nada para poder tener un mejor pasar económico. Los que envidian son generalmente personas con poca capacidad para trabajar o para emprender y estudiar. Son personas que más bien tienen una misma ocupación, siguiendo una misma rutina por unos veinte y pico de años, haciendo que nada cambie. Mientras que, el sujeto envidiado, es una persona que lucha y que anda detrás de una mejora profesional y económica, pasando por las mil y una situaciones que lo lleva a estar donde está. Pero para quien envidia, poco importa, lo seguro es que crea que el dinero que ha hecho el envidiado haya sido siguiendo el punto uno del efecto argentino, enumerado apenas dos párrafos antes.