martes, 9 de febrero de 2016

Sobre la envidia

Se le teme mucho a la envidia. Se la ve como un asunto de magia negra. Para evitarla, se colocan cintas rojas colgando de autos, casas y objetos varios. Hay inclusive otros artilugios que seguro desconozco para evitar que este mal tan terrible nos golpee en lo más bajo.

Pero bueno, yo lo veo de otra forma (porque es lo que me ha funcionado en estos cuarenta años que llevo a cuestas). Yo voy por la vida sin la preocupación de la envidia. Nunca me contengo de anunciar a los cuatro vientos mis planes, sin miedo a que se derrumben porque alguien me tiene envidia. Y la verdad es que no me quejo: he hecho todo lo que me he propuesto.

La envidia (y sumale la magia negra, u otras que se te ocurran) no es más que un freno que nos ponemos nosotros mismos. Si nuestros planes no se concretan es porque nosotros hemos fallado, algo se nos pasó. Fallamos porque nos tomamos más tiempo pensando cómo evitar la envidia que el tiempo usado para hacer realidad nuestras ideas.

Entiende que si no se concretan nuestros planes, fue porque algo salió mal, porque la idea fue mala, o porque nos apuramos demasiado y nos olvidamos de algo. O en general, por cualquier motivo que lo amerite.

Cuando tememos que alguien nos envidie, nosotros mismos estamos generándonos esa fuerza negativa. Tenemos en mente el miedo a que fallemos o que nos vaya mal. Y todo va a salir tal cual como lo estamos pensando: Mal!

Por el contrario, si piensas de forma positiva, si piensas que nadie te puede detener, si sabes que el único responsable de tu éxito o fracaso eres tu mismo, entonces las cosas seguramente saldrán bien.

Inclusive pensando de forma positiva, fallar no es un asunto grave. Para quien piensa de forma positiva, el fallo no es más que un aprendizaje para saber que la próxima vez que lo intente, ya no cometerá tantos errores.