lunes, 24 de junio de 2013

Visión ante la muerte

Creo que tenemos una gran sensibilidad por la muerte o por los accidentes simplemente porque no sabemos mucho sobre cómo seguir ante estos.

Accidentes es algo que nadie quiere sufrir porque es incierto 9 de cada 10 cosas que pueden pasar luego. Y la muerte, bueno, de más está decirlo.

Pero imagínense una humanidad con este conocimiento. Y no me refiero a poder evitar la muerte por siempre (tampoco pido tanto. Se que lograremos dentro de no mucho poder "no envejecer". Pero me refiero a que envejecer y que se te caiga un camión encima son cosas diferentes)

Bien, imaginen que sabemos a dónde conduce la muerte. O supónganse que sabemos lo que somos después de la muerte (como por ejemplo, un hermoso cuento de ficción, sobre unos fetos gemelos hablando en el vientre de la madre. Para ellos ese es el mundo y no hay nada más "allá afuera")

Al contrario de los fetos, nosotros sabemos lo que hay "allá afuera" y por eso ansiamos más salir que quedarnos. O bien, sabemos que "afuera" hay algo todavía más emocionante (o no, dependiendo del punto de vista de cada persona)

Pero bien, imagínense una humanidad con ese conocimiento, sería una humanidad que ve a la vida y a la muerte de una forma TOTALMENTE diferente a la de ahora.

Pero bueno, vamos por ese camino. Mi tristeza radica en la lentitud del paso con que avanzamos. Me gustaría que sea más rápido y no porque soy ansioso sino porque a esto que tenemos ya lo conozco más que bien y me ha hartado.


Así funciona el cerebro de los tímidos

Agatha Christie tenía un miedo permanente a ser entrevistada y a aparecer en público. Y el gran escritor argentino Jorge Luis Borges era un tímido consumado que hasta los 42 años mandaba a su amigo Oliverio Girondo a leer sus discursos. Tímidoseran también Albert Einstein, Abraham Lincoln, el inventor Orville Wright o el escritor Raymond Carver.

Ahora un equipo de científicos ha demostrado que los tímidos perciben el mundo de una manera diferente y muestran una actividad cerebral más intensa ante ciertos estímulos. Investigadores de la Universidad Stony Brook de Nueva York, de la Universidad del Sudeste y de la Academia China de Ciencias seleccionaron a 16 personas y les pidieron que confrontaran dos retratos similares para observar los detalles. Mientras tanto, examinaron sus cerebros usando Resonancia Magnética Funcional. Los tímidos pasaron más tiempo observando las imágenes y "mostraron una actividad elevada en las áreas cerebrales que se ocupan de asociar percepciones visuales y sensoriales". En definitiva, "su cerebro no sólo se ocupó de la percepción visual, sino que se activó para una elaboración más profunda de la información", explicaron los investigadores, que han dado a conocer sus resultados en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience.

Según concluyen, el cerebro de las personas tímidas percibe el mundo exterior de distinta manera gracias a la "Sensibilidad para la Percepción Sensorial" (SPS). Este rasgo se caracteriza por la sensibilidad a estímulos internos y externos, incluyendo los sociales y los emocionales, e implica una predisposición a la timidez que podría afectar al 6% de la población mundial. Este tipo de sujetos, añaden los autores del estudio, necesita más tiempo para observar y reflexionar antes de actuar. Y normalmente les molestan el ruido y las multitudes más que a la media, son más sensibles a la cafeína y se sobresaltan con mucha facilidad, todos ellos efectos colaterales de su tendencia innata a prestar más atención a los detalles

Así funciona el cerebro de los tímidos